Mientras esperamos la pinchadura de la burbuja (que tal vez nunca suceda), disfrutamos de ser parte de un cambio infinito.
Entendemos que hablar de un momento histórico y único, en sí mismo, es una gran estupidez porque nunca se repite la historia de la misma manera. Sin embargo, hay momentos en los que ciertas variables se alinean de una forma poco frecuente. Vale la pena jugar con esta idea y evaluar cuál es la principal diferencia y si alguna vez hemos vivido un fenómeno similar. Si eso generó un impacto que luego lo cambió todo, si tuvo un efecto multiplicador y cuál fue su grado deadopción o despliegue.
La adopción
La globalización y la interconexión actual nos dieron la capacidad de acceder a herramientas de última generación, que solo tuvo precedentes en la masificación del smartphone o en la adopción de redes sociales. El gran hito del acceso a internet no tuvo esa velocidad y contó con un delay que hoy hasta nos parecería antiguo.
Hace unos muy pocos años, la tecnología que se producía en Alemania era muy diferente a la de otros países. Japón, luego Corea y, después, China, tardaron décadas en poder alcanzar estándares de producción similares. Y fenómenos tecnológicos como la adopción de la TV a color, tardaron décadas en propagarse.
Si bien en Estados Unidos la “colorización de la TV” fue más un proceso que empezó la cadena NBC en 1954 para pocos, en 1960 ya era algo masivo. En Argentina, en cambio, llegó todo de golpe recién para el Mundial 78 ¡Entre una década y una década y media después!
En nuestro rubro, las plataformas de medios publicitarios como Google y Meta están siendo manejadas en una localidad de San Juan, Misiones o Buenos Aires de la misma manera que en Silicon Valley. Pero más allá de la capacidad que hay en Argentina, con al menos 11 unicornios y un potencial profesional admirable, el mundo en sí, se está achicando. Las posibilidades y la adopción dejaron de estar lejos. Y hoy lo vemos en la IA: estamos experimentando con versiones avanzadas y de crecimiento muy reciente, en cualquier parte del mundo.
El efecto multiplicador
La IA ya tiene una penetración en Argentina cercana al 50% y su efecto multiplicador es incalculable porque hay una independencia de procesos muy difícil de controlar. Nuevas aplicaciones, automatizaciones, agentes y producción creativa con un gran alcance.
El impacto
Si dejamos el impacto para el final, hay muchos ejemplos que pueden darnos miedo. Sin embargo, hay uno que podría darnos una perspectiva de hacia dónde vamos y tal vez se esconde en el cambio humano:
Fontanarrosa decía:
“Qué me importa lo que Diego hizo con su vida, me importa lo que hizo con la mía”. Hoy podríamos decir que no importa hacia dónde irá la IA, importa hacia dónde decidimos ir los humanos con ella.
En el 2023 cuando se venía esta ola, hablábamos de esto con un medio de la región del NEA (Nordeste argentino). Allí proponíamos imaginarnos un futuro en el que la IA no nos saque el trabajo y moldeemos una realidad en la que podamos complementarnos.
Hace unos meses, Lucrecia Martel — directora y guionista de La Ciénaga, La niña Santa, La mujer sin cabeza, Zama y Nuestra Tierra — comentaba algo que también encaja con la idea de crear futuro. En el Bogotá Audiovisual Market, BAM, entre muchísimas cuestiones muy interesantes, la también productora decía:
“Inventemos el futuro. Con cine, con literatura, con teatro, con cualquier formato. Con las microhistorias de las redes sociales o con las infinitas y eternas macrohistorias de las plataformas. Imaginemos un futuro donde, dentro de cien años, las cosas sean al menos un poco mejores”.
Aclaración: Lucrecia Martel fue también directora de uno de los mejores programas de televisión llamado Magazine For Fai, del año 1995.
Aclaración 2: esta nota no fue creada con IA. Sí, fue chequeada y discutida, tanto con Claude, como con ChatGPT.